El cambio en el clima atañe también a la salud.
- Detalles Jueves, 02 Febrero 2012 11:37 Visitas: 225
Hay que plantearse la lucha contra el cambio climático en el campo de la salud desde una perspectiva más amplia que la ya manida y esquemática visión “desarrollista”. Es necesario enfocar los esfuerzos prioritarios hacia la preservación y cuidado de la salud tomando como apoyo las capacidades científicas y técnicas como premisa de un desarrollo integral.
Ismael Clark Arxer
El siglo XX fue testigo de intensos procesos de internacionalización y globalización de la economía y de la comunicación social, así como de la aplicación cada vez mayor de los conocimientos científicos resultantes en la introducción de nuevas tecnologías, de profunda penetración en el seno de las sociedades, y en un notable impulso al desarrollo a escala planetaria de los procesos económicos, financieros y comerciales. En la práctica, si bien se ha pretendido caracterizar a tales eventos como fuentes promotoras del desarrollo humano, la realidad que se afronta a principios del presente siglo 21 es que las desproporciones y desigualdades derivadas de esos procesos han conducido a situaciones de crisis que resultan nuevas para la humanidad.
Más de 500 años de creciente globalización y del dominio de los principios del capitalismo sobre toda la economía mundial encuentran hoy una sociedad humana capaz de conocer cada vez más profundamente la naturaleza de la cual es parte, pero que se enfrenta a una coyuntura cuyos retos amenazan hasta la supervivencia misma de nuestra especie.
Al establecerse el sistema de las Naciones Unidas hubo quien pensó que se podía encauzar el progreso económico con el deseado objetivo de alcanzar la equiparación entre el centro económicamente desarrollado y la periferia explotada y subdesarrollada. A pesar de la periódica expresión de las mejores intenciones, vivimos desde entonces en un mundo que declara una cosa y realiza otra. Se establecen metas para alcanzar objetivos de desarrollo y en la práctica se aplican políticas y medidas económicas que aumentan la concentración de la riqueza, la polarización de los grupos sociales, la exclusión social, la pobreza extrema y la dilapidación de los recursos naturales finitos del planeta. El último de los retos emergentes y de más serias implicaciones es precisamente el del cambio climático y sus diversas consecuencias, en este caso en el ámbito de la salud y la enfermedad.
Científicos expertos en el tema del cambio climático vienen advirtiendo que ciertas enfermedades infecciosas, como el dengue, la malaria o la fiebre del Nilo, podrían verse potenciadas en distintas regiones del mundo como consecuencia del cambio climático,. Desde otro ángulo, los propios expertos han llamado la atención acerca de que, según estudios recientes, si se emprenden acciones encaminadas a reducir las emisiones de gases contaminantes, las que se hacen imprescindibles para mitigar el cambio climático en curso, las mismas han de tener efectos beneficiosos ya en el corto plazo sobre la salud de los ciudadanos.
Es un hecho que la temperatura del planeta ha sufrido diferentes alteraciones a lo largo de la historia, a consecuencia de factores naturales tales como grandes erupciones volcánicas, cambios en la traslación de la Tierra o a variaciones en la composición de la atmósfera. Ahora bien, el proceso actual de “calentamiento global” resulta distinto y único en la medida de que no se debe esencial ni exclusivamente a causas naturales como las descritas anteriormente, sino a la acción directa y continuada del hombre al alterar el delicado equilibrio entre la energía que entra en la atmósfera y la que es irradiada hacia el espacio.
Si bien los llamados “gases de efecto invernadero” –tales como el dióxido de carbono, el óxido nitroso o el metano- se encuentran de manera natural en la tierra y son de hecho esenciales para la vida del hombre, el volumen actual de emisión de los mismos está modificando el equilibrio térmico del planeta y provocando el incremento de la temperatura media anual. El resultado es que la temperatura media mundial ha subido 0,8 grados centígrados desde la época preindustrial, y su causa es la emisión masiva de gases de efecto invernadero resultantes de la combustión del carbón y el petróleo.
Muchos estiman que si llegara a producirse un aumento por encima de los tres grados con respecto a la época preindustrial –es decir, de poco más de 2 grados con respecto a las temperaturas actuales- es previsible que esto provocaría graves efectos globales tales como sequías severas y prolongadas, el aumento de la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, la elevación de los niveles del mar, etc. Y conviene destacar que estamos hablando de “globales” porque a escala local ya se están dejando ver los efectos en distintas zonas de las más vulnerables del planeta.
En otras, cual es el caso de España, en fecha relativamente reciente se realizó una evaluación preliminar de los impactos esperables del cambio climático”, a partir de un convenio entre el Ministerio de Medio Ambiente de ese país y la Universidad de Castilla-La Mancha: Los expertos recomendaron "encarecidamente" que se realice en España una "evaluación del posible impacto del cambio climático en la salud, al igual que se ha realizado en otros países como Estados Unidos", así como que se establezca un sistema de vigilancia epidemiológica de los efectos de la contaminación.
Un documentado análisis acerca del impacto esperable del cambio en el clima sobre la salud se presenta en el sitio web “La Generación del Sol” En él se expone cómo el aumento de la temperatura tendría no sólo un efecto inmediato y directo sobre los humanos –lo que sería especialmente crítico para los bebés y los ancianos- sino que también tendría un efecto indirecto al afectar la composición química de la atmósfera.
En la práctica, existe un amplio consenso entre la comunidad científica en cuanto a que el calentamiento global podría tener como principales efectos sobre la salud los siguientes: a) Las enfermedades infecciosas como la malaria, la encefalitis o el dengue extenderían sus fronteras geográficas y estacionales.
b) Olas de calor más frecuentes y más intensas, con efectos mortales – la disminución de muertes relacionadas con el frío no compensaría este aumento en términos estadísticos. c) Aumento de la polución ambiental en las ciudades, generando afecciones respiratorias y mayores dificultades alérgicas. d) Las más frecuentes catástrofes naturales –cuales son inundaciones, terremotos o tornados- no sólo tendrían un impacto inmediato por las víctimas directas que provocarían, sino que también afectarían a las viviendas, suministros de agua potable y comida, entre otros. e) Los grandes desplazamientos de población a consecuencia de estas catástrofes naturales complicarían aún más las condiciones sanitarias de ciudades superpobladas y zonas carentes de una infraestructura de servicios adecuada, lo que eleva el riesgo de epidemias por no disponerse del saneamiento necesario. f) Al menos hasta que las prácticas agrícolas se adapten a los cambios en las temperaturas, las lluvias y la humedad de la tierra, la malnutrición y las enfermedades que la acompañan aumentarán.
Para expresar el impacto adverso de estos fenómenos, en el análisis mencionado se estimaron los años de vida perdidos a causa de muertes prematuras y los años vividos con discapacidad. Los resultados de ese análisis fueron vertidos en un contexto geográfico y como resultado se concluye que las mayores afectaciones son de esperarse -en ese orden- en: Asia sudoriental, África, el Mediterráneo oriental, el Pacífico occidental, América Latina y el Caribe y los países desarrollados.
Las implicaciones sanitarias del calentamiento global que se tomaron en cuenta en el estudio citado fueron, estrictamente, la transmisión de enfermedades por los alimentos y el agua; la transmisión por vectores; los traumatismos en caso de catástrofes naturales y el riesgo de malnutrición al no disponerse del aporte calórico diario recomendado.
El estudio puntualiza que no se consideraron en los resultados expresados, debido a la dificultad de su cuantificación, otras repercusiones esperables como los cambios en la contaminación atmosférica y las concentraciones de alergenos en el aire, las posibles modificaciones en la transmisión de otras enfermedades infecciosas, los efectos sobre la producción de alimentos que serían atribuibles a la influencia del clima sobre las plagas y las enfermedades vegetales, la ocurrencia de sequías y hambrunas, los desplazamientos demográficos por catástrofes naturales, a causa de cosechas perdidas o por falta de agua, la destrucción de las infraestructuras sanitarias en caso de desastres, los probables conflictos bélicos por disputas sobre recursos naturales ni las repercusiones directas del frío y el calor.
No obstante, los elementos brindados apuntan como más que suficientes para plantearse la lucha contra el cambio climático en el campo de la salud desde una perspectiva más amplia que la ya manida y esquemática visión “desarrollista”. Nuestra apreciación concuerda plenamente con ello y la consideramos sustentada en la experiencia de la salud pública cubana en los últimos cincuenta años.
Al menos tres factores de la experiencia cubana nos parecen cruciales para afrontar con éxito el reto planteado: El primero es la articulación de un sistema nacional de salud, gratuito y universal, basado en la formación sistemática de recursos humanos para lograr una cobertura total en la atención primaria de salud, el disponer de un efectivo nivel secundario, en capacidad de disminuir los índices de morbilidad y mortalidad, y el desarrollar un nivel terciario de atención de salud de la más alta calidad científica y profesional, dotado de los mejores medios tecnológicos que resulten accesibles. Ha sido decisivo también el haber establecido un sistema avanzado de vigilancia epidemiológica y, en general, el haber convertido al sistema nacional de salud en uno de los ejes centrales de toda la organización económica y social del país.
Otro factor esencial ha sido la temprana gestación y sucesivo despliegue de una capacidad científica nacional, generada a partir de una voluntad política continuada de apoyo al desarrollo científico local, la cual se articula con la promoción educacional de talentos y la creación consecuente de instituciones científicas al nivel del estado del arte y su integración funcional, mediante formas novedosas de organización, con otras de apoyo y de aplicación de los resultados de la investigación.
La tercera y quizá más importante faceta de la experiencia cubana se refiere a la promoción y la práctica de la solidaridad. Una base de relaciones sociales asentadas en la colaboración antes que en la competencia viabiliza la promoción de una ética social solidaria. Ello supone, ayer, hoy y siempre, identificar de manera sistemática los núcleos humanos de mayor necesidad o vulnerabilidad, para actuar diferenciadamente sobre estos, empleando todos los medios socialmente disponibles. Una extensión natural de esa ética social, lo constituye la práctica habitual y política de estado de compartir los avances alcanzados con otras sociedades menos adelantadas.
Como resultado natural y en consonancia con la madurez de la capacidad científica referida, se ha venido delineando un sistema de ciencia e innovación tecnológica en capacidad de servir al desarrollo local y de aplicar por igual conocimientos universales y autóctonos en apoyo a la adopción de las ineludibles medidas de adaptación al cambio climático, entre ellas las relativas a la promoción y el cuidado del estado de salud de los ciudadanos. Parte importante de estas capacidades científico técnicas son las relacionadas con los sistemas de alerta temprana ante eventos climatológicos, meteorológicos, epidemiológicos, y otros.
La experiencia de Cuba en el último medio siglo en el campo de la salud y el bienestar de las personas demuestra que es posible aumentar el desarrollo humano sin que ello suponga a priori el crecimiento económico (para sólo después ocuparse del bienestar) sino que más bien apunta en la dirección de enfocar los esfuerzos prioritarios hacia la preservación y cuidado de la salud tomando como apoyo capacidades científicas y técnicas creadas de manera consciente, como premisa de un desarrollo más integral.
Fuente: www.cubarte.cult.cu
Fecha: 2010-10-04





















